Hace un tiempo me fue sugerida la idea de crear una “bandera de familia”. Era una tarea para los padres de los niños del nivel inicial a primera vista muy simple.Tomé lápiz y papel y comencé a garabatear sendos dibujitos de los cuales ni siquiera uno lograba convencerme. Después de varios intentos fallidos caí en la cuenta que esa “simple tarea” no lo era tanto. Debía representar gráficamente algo tan complicado como es una familia, sin caer en la tontería de una casita y un corazón de papel glasé sobre una cartulina de color; pero la pero parte sería explicar el significado de esa bandera a una troupe de chiquillos de cinco años.
Finalmente decidí dejar a un lado la edad de mi auditorio, delegando en los padres o maestros la responsabilidad de hacer comprensible mi interpretación de la familia. Puse manos a la obra , me senté frente a la computadora y durante varias horas estuve diseñando esta imagen que les muestro arriba.
Una vez satisfecha con mi diseño, restaba el “trabajo duro”, explicar qué significaba esa cantidad de dibujos y colores. Volcar al papel un torrente de emociones que nacieron al crearla.
Y esto fue lo que escribí:
“Ante todo, es menester aclarar que ésta, como toda bandera, representa ideales.
Desde el comienzo de la historia, el Hombre quiso dejar su huella, para que quienes vinieran luego supieran de su vida, de sus pensamientos, sus sentimientos...
Esta conducta se repitió cada vez que surgía un nuevo país. Cada uno de esos pueblos intentó dejar su mensaje de manera breve, pero clara, en su bandera. Ese pedacito de tela debía reflejar su sentir, sus ideas, debía ser como una explicación gráfica de cuál era el esquema a seguir, qué valores debían respetarse y cuáles eran las metas a lograrse.
Esta tarea nos dio a todos los padres la oportunidad de demostrar, cada cual a su manera, cuál es nuestro ideal como familia. Nos dejó jugar un poco con la imaginación y también con todo lo que sentimos.
En esta bandera, el león representa la fuerza y los ladrillos los muros que se interponen en nuestro camino. Este sería el lado masculino de la bandera, el Padre. Él es quien, generalmente, representa esa fortaleza y guía a la familia en la lucha contra todos esos muros, grandes o pequeños.
Pero no podría faltar la madre, en el lado derecho, representada por el agua. La Madre es la Fuente, donde siempre vamos a saciar nuestra sed de amor y comprensión. Allí estarán sus manos, siempre dispuestas a recibirnos después de esas pequeñas grandes luchas a las que nos enfrentamos día a día.
En el lado inferior izquierdo puede verse una balanza sobre un fondo color verde. La balanza representa la justicia. Para que exista es necesario inculcarles a nuestros hijos amor por la verdad, no sólo “hacia fuera” sino también a lo que ellos respecta. Que puedan verse al espejo y reconocerse a ellos mismos como son les posibilitará conocer a los demás, y amar así hasta las diferencias y respetarlas. No hablo aquí de justicia en sentido técnico ni de Justicia Divina. Hablo de cada uno de los pequeños juicios que llevamos a cabo en nuestra vida cotidiana. Conocernos a nosotros mismos y respetarnos, así como tener la misma actitud hacia los demás, crea personas que pueden ser justas en sus actos y pensamientos. Asimismo, la balanza es equilibrio. No hay que ser excesivamente uno mismo, ni ser excesivamente para los demás.
La búsqueda de ese equilibrio es permanente y ardua. Pero lo que me importa destacar aquí es la actitud de búsqueda basada en el respeto de las diferencias; y por sobre todas las cosas, que esa justicia no se confunda con otro tipo de sentimientos tales como la venganza o el rencor, o la toma de represalias, y que esos “juicios” no sean confundidos con los prejuicios, que están sólo fundados en la ignorancia y en las mentiras de quienes no pueden aceptar siquiera su propia existencia, que es tan importante como la de cualquier ser que pisa esta Tierra.
El color verde simboliza la esperanza. Esperanza de que estos valores se extiendan, no sólo dentro de un núcleo familiar, sino en una sociedad. Es menester sanar al mundo del azote de la ignorancia acerca de nuestra calidad de Seres Humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, todos iguales en esencia, aunque difieran las formas y colores. Inculcando estos valores a nuestros hijos podremos hacer crecer esa esperanza de tener una familia, una sociedad, y un mundo unido por lazos realmente fuertes, hechos simplemente de amor.
En el extremo inferior derecho, me permití tomar el símbolo del Yin y el Yang (el Cielo y la tierra) de la cultura china. Con esto quiero decir que es tan importante lo espiritual como lo terreno. Ningún Ser Supremo, sea de la creencia que sea, permite que el Hombre se degrade a sí mismo; sea mediante el pecado, sea mediante cualquier otra acción, pensamiento o sentimiento que opaque ese Espíritu divino que tiene cada uno de nosotros. Hay que engrandecer los dones que nos fueron dados en nuestro paso por esta Tierra y no desperdiciarlos. Siempre debemos pensar que son un regalo de Dios, sin importar el nombre que podamos darle.
Pero tampoco debemos irnos al otro extremo y cultivar simplemente nuestro lado más terreno. Ese espíritu hay que alimentarlo. No debemos olvidar que nuestra estancia en este mundo es breve, y nuestra eternidad la pasaremos en un lugar donde sólo el Espíritu llega. Y hay que darle fuerzas desde ahora...
En el centro pueden verse manos abiertas. Esa actitud debemos tener todos. El dejar partir a nuestros retoños con la seguridad que ellos han sido preparados para afrontar la vida solitos es un acto de amor. No podemos temer y cerrar nuestras manos para que no escapen, porque eso sería muy egoísta de nuestra parte. Es mejor estar ahí cuando nos necesitan con las manos abiertas, para que sepan que siempre tienen su lugar, que siempre pueden volver a pedirle fuerzas al león o a beber de la fuente, o quizás a mirarse un poquito a ellos mismos cuando se sienten perdidos...
Cada una de las personas y valores representados en esta bandera forman parte de un puzzle, que van a formar una persona. Quizás no siempre las piezas encajen perfectamente, pero vale la pena intentarlo.
Formar Hombres y Mujeres de bien es un gran desafío, quizás no todos tuvimos las piezas perfectas en nuestra vida, pero cada uno de nosotros, a su manera, sé que crea su propio puzzle lo mejor posible, e inculca a sus hijos el propio, y las herramientas para hacer uno mejor todavía.
Nuestros hijos son esa paloma, libre, llena de vida, pura... Dejemos que vayan por el mundo llevando el mensaje de amor y paz que, con seguridad, todos nosotros debimos haber hecho bien nuestro trabajo.
Y por supuesto, ellos lo harán mejor todavía.”
Una vez terminado el trabajo, lo coloqué en una carpeta y al día siguiente lo envié al colegio junto con mi hijo. Y fue allí donde ocurrió lo que más me hizo pensar.
Varias personas leyeron mi explicación y observaron el dibujo. Otras tantas, pero no muchas, me felicitaron.
Unos días más tarde concurrí a un acto de esa misma institución. Debajo del escenario, como decoración alusiva, se encontraban todas las banderas que cada uno de los padres había realizado.
Finalizada la obra de los pequeñines me acerqué a mirarlas, y ¡oh sorpresa! encuentro mi bandera puesta de cabeza, entre otras tantas con casitas y corazones de papel glasé.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que nadie, absolutamente nadie, había comprendido su significado. Que las personas que me habían felicitado, lo habían hecho por agradarles mi “estilo literario”, por así llamarlo. Toda la alegría y el secreto orgullo de agradar que sentí en un principio se esfumó en un segundo...
No tengo pretensiones de artista, ni mucho menos. Pero por un momento llegué a creer que la gente podía interpretar algo que salió directamente de mi corazón, y compartirlo.
Poderosa desilusión la que me invade. Muchos dijeron que mi texto era hermoso, pero se limitaron a eso, a ver el texto, pero no su contenido, su esencia. Ninguna persona, salvo una que otra muy cercana a mí, dijo jamás “comparto lo que pensás”, o “realmente me agradan tus valores”. Quizás pretenda demasiado, no lo sé.
Pero ahora, escribiendo esta historia, acabo de darme cuenta de otra cosa, que de tan obvia se me escapó...
Debo felicitar a quien colocó mi bandera al revés: al hacerlo demostró que es un excelente intérprete de nuestra realidad cotidiana.

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