Mi Amor (¿cuál será tu nombre?):
Sueño cada noche con tu rostro, te tengo entre mis brazos, te acaricio... Sólo en mis sueños existís porque yo así lo quise.
No te conocí, no toqué jamás tu piel, nunca pude prestarle atención a tu mirada. Te robé los cascabeles de la risa, los colores, la música. Todo.
Sin conocerte te juzgué. Sin conocerte te alejé de mi vida para siempre... pero no tanto. Porque te veo irte de a poco cada día, porque tu recuerdo permanece anclado en mi alma y cada noche me visita para decirme como sos, me da la posibilidad de tenerte y luego te aleja, cada vez más. Con furia, con violencia... Y yo incapaz de defenderte, despierto llorando amargas lágrimas, puro dolor, pura bronca por no haber luchado.
Merezco esta tortura por el resto de mis días; así como son mis peores pesadillas es mi realidad. Te tuve como algo hermoso, soñado... y te dejé ir sin poner siquiera un poco de mí para cuidarte, para defenderte.
Al contrario, sin perder tiempo envenené tu refugio. ¡Maldita cobardía la que me movió! ¡Asqueroso egoísmo que me hizo matarte!
Cada gota de sangre se lleva mi alma chiquito mío...
Tu refugio se cae a pedazos por dentro y por fuera...
Y vos te vas... porque yo misma te eché. Yo, quien debió amarte, protegerte, mimarte. Quien debió guiarte por la vida te proporcionó la muerte.
Tenés razón en volver cada noche a mostrarte; recordame cuán cobarde fui, cuán traidora... Preguntame dónde están mis ideales, mis creencias y mis convicciones. Preguntame a dónde se fueron ese día.
Preguntame por qué te llamé tanto, te deseé tanto y cuando te tuve te desprecié.
Podría inventar mil excusas, miedo sobre todo. Pero no te sirven y lo sé. A mí tampoco.
Cuanto más lo pienso peor es. Sigo sin encontrar respuestas a mi actitud. Creo que me sentí muy sola...
De todos modos vos merecías todo de mí. Y debí dejarte ser a pesar de mí. ¡Cuántos días te quité! ¡Qué cosas maravillosas hubieras conocido si yo no fuera tan cobarde!
Perdoname por favor. “No es momento”. Esa única frase quebró tus esperanzas para siempre. Y las mías.
En un tiempo creía sentir que mis sueños se morían. Era simplemente eso, un pensamiento. Una mera hipótesis que día a día fue haciéndose realidad...
Quizás en mi rabia, en mi dolor, planeaba algo. No sé qué. Algo...
Pero creeme que nunca quise que fueras vos quien pagara mi llanto.
“No es el momento”, nada más eso pensé... lo siento mi vida, de veras lo siento.
¿Cómo sería tu carita? ¿Qué color de pelo tendrías? ¿Qué tan tibia sería tu piel? Tengo tantas preguntas... Pero la que más me tortura es ésta: ¿Cómo algo tan bello y valioso, un tesoro tan grande como sos vos, es desechado como basura por mí? Me odio por esto.
Estoy fuera de las leyes de los hombres y fuera de la ley de Dios. “No matarás” es la premisa para ambos, y yo no la respeté.
¿De qué más seré capaz? ¿Hay algo peor?
Quisiera tanto poder tenerte mi cielo... No te conocí y ya te extraño. Demasiado.
Ni siquiera tengo el consuelo de que algún día voy a verte.
Desafiar tiene su precio. Desafié a los hombres de la manera más vil y equivocada: eso merece que me desprecien, y que yo lo haga también. Desafié a Dios, y eso se paga con el alma.
No tengo consuelo, no podré conocerte jamás.
Porque vos sos un angelito y yo, bueno, yo arderé por siempre en el infierno. Incluso ahora estoy ardiendo, poco a poco, despacito, hasta el Gran Final.
Angelito de mi vida, perdón. Sólo eso puedo decirte, y viene del alma.
Te esperaré esta noche y todas para que hagas justicia: para que me enseñes la bondad que no tuve, al mostrarte; para que me recuerdes lo malvada que fui, al alejarte.
Te seguiré soñando y te seguiré extrañando por siempre.
Inútil es que haga desaparecer la poca evidencia que hubo de tu corta existencia, estás vivo en mi recuerdo y eso no se mata, no se quema, no se esconde...
Pude arrancarte de mi vientre, pero jamás de mi alma y mi corazón.
Hasta esta noche, chiquito mío. Nos vemos en los sueños.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario