David era un tipo como cualquier otro. Tenía una casa y una familia, tenía trabajo. Su sueldo le alcanzaba para vivir y ahorrando se iba todos los años a mar del Plata. De vez en cuando se ganaba unos pesitos en el Casino.
Sin faltarle dinero ni afectos David nunca estaba contento.
un día, mientras se dirigía a su lugar de trabajo tropezó con un viejo harapiento y le regaló unas monedas.
Su día trasncurrió sin mayores novedades. Todos los días eran iguales para él, grises y aburridos.
Una profunda apatía dominaba su vida y entristecía a todos cuantos tenía a su alrededor.
Ya volviendo a su casa encontró al mismo viejo en su camino. Siguió de largo casi sin mirarlo.
-Eh, David! Tenemos que hablar!
Sorprendido volvió sobre sus pasos y acercándose al desdichado le preguntó:
-Cómo sabe mi nombre?
-Yo sé muchísimas cosas, entre ellas tu nombre -contestó- también sé que no sos feliz a pesar de tener todo lo que a mi me falta.
-Pero... usted quién es? Cómo puede hablarme así?
-No importa quien soy ahora, aunque algún día puede que lo sepas muy bien. Puedo hablarte así porque te conozco mucho, aunqeu no lo creas; es por eso que esta noche quiero decirte algo muy importante. Algo que podrá cambiar tu vida para siempre si tomas las decisiones correctas. Es una suerte haberte encontrado, hace mucho que te espero.
Sintiéndose inquieto y creyendo que al viejo se le había zafado un tornillo, David quiso seguir su camino pero aquel lo detuvo con firmeza.
-Es importante que me escuches, lo es para ambos.
-Está bien, pero sólo un momento.
-entendido. voy a contarte una historia. algo que me sucedió hace mucho tiempo. Yo era un hombre que lo tenía todo y no supe valorarlo. La vida me cambió de un día para otro y hoy me encuentro vagando en las calles sin comida ni abrigo.
-Y esto que tiene que ver conmigo?
-Tiene que ver y mucho. Dejame terminar de contarte. Antes de caer en desgracia me fue entregado un regalo maravilloso. Un cofre mágico. la persona que me lo dio me dijo que allí encontraría todo lo necesario para ser feliz en cada etapa de mi vida, que lo podía abrir cada vez que quisiera. Lo llevo conmigo desde entonces.
-No sería tan mágico como decían -se burló David.
-Sí lo era. Ahora sé que lo era. Aunque su magia provenía más bien de la verdad que lleva oculta y que sólo una vez se muestra ante nuestros ojos. el problema es que no supe utilizarlo. aunque no puedo quejarme, como te dije antes, tuve todo.
-Sigo sin comprender que tiene que ver conmigo todo este cuento.
-Ya llegamos a esa parte, paciencia... hace un tiempo, cuando comencé a vivir en la calle, abrí nuevamente el cofre y encontré la respuesta a mi pregunta de cómo volver a ser feliz. Mi segunda oportunidad en la vida. Y desde entonces te estuve buscando; hasta que esta mañana tropezaste conmigo. Por eso me quedé a esperarte. Mi segunda oportunidad consiste en regalarte este cofre -dijo sacando de entre sus ropas una caja mediana de metal plateado- pero antes tenés que escucharme un poco más. Debo advertirte que toda magia tiene algo de maldad oculta, una trampa para incautos. Habrás de usarlo con cuidado y prestando mucha atención a tu alrededor, y sobre todo, deberás saber cuándo es realmente necesario abrirlo. No dejes que la avaricia te consuma. Eso es todo lo que tengo para decirte.
Al instante puso en las manos de David el precioso regalo y desapareció en la noche.
Con una mueca burlona y riéndose de sí mismo, David siguió su camino a casa.
Llegó tarde y lo recibieron con una mezcla de preocupación y alegría de volver a verlo.
Unas vagas explicaciones bastaron para conformar a la familia. Luego a cenar, de ahí a la cama.
Ya acostado recordó el cofre, se levantó despacio para no hacer ruido, buscó en el bolsillo de su chaqueta y allí estaba el cofre. Se encerró en el baño y lo abrió. No se extrañó de no ver nada adentro. Tal coo lo había imaginado, eran todas locuras de un viejo chocho y mendigo.
volvió a su cuarto, echó el cofre en un cajón de la mesa de noche y se acostó. A la mañana siguiente ni siquiera recordaba el episodio de la noche anterior ni el objeto que había guardado, y los mantuvo en el olvido por mucho tiempo.
Sin embargo las cosas comenzaron a cambiar de un modo que ni siquiera hubiera soñado.
Casi sin esfuerzo se encontró con mucho dinero, con una hermosa casa y con un costoso automóvil. Nunca más tuvo que pensar en ahorrar, porque el dinero parecía imposible de agotar.
su cariñosa esposa ya no tenía que hacer las tareas de la casa y tenía mucho tiempo para estar con él. sus hijos se educaban en los mejoress colegios y tenían muchos amigos.
París, Roma, El Cairo, Nueva York,Madrid, Venecia, las playas del Caribe... Todo el mundo fue escenario de su función de tipo acomodado.
Tan vacío por dentro como siempre, siguió su vida.
Pese al enorme cariño de su esposa, jamás se sintió amado. Ella siempre mostrándole su amor, él siempre rechazándola.
de vezz en cuando pensaba "pobre Teresa" y trataba de enmendarse, pero sus constantes idas y venidas al bar de su sala le hacían olvidar sus buenos propósitos de un principio.
La rebajó y la humilló hasta hartarse, incluso le mostró cómo le hacía el amor a una prostituta en sus propias narices.
Enferma de vergüenza Teresa llevó su alma lastimada a la casa de alguna prima y nunca más volvió.
Sus hijos aún pequeños quedaron con él tratando de llenar el vacío que dejó su madre de mil maneras, siendo siempre espantados por el mal genio de un ahora alcohólico David.
Pasado cierto tiempo, sin saber por qué, se encontró hurgando viejos objetos en el desván y allí estaba, plateado y brillante, el cofre cuya magia mantuvo en secreto y en el olvido por tantos años.
-Esta vez es realmente necesario abrirlo -se dijo.
sus dedos vacilaron un instante antes que sus ojos descubrieran una sortija dorada en la cubierta interna de terciopelo rojo.
"Una mujer" pensó, "eso es lo que necesito".
Pocos días más tarde contrajo matrimonio con una jovencita que apenas pasaba los veinte años, tan vacía por dentro como él.
De ella sólo recibió un amor por el cual debía pagar, se vio rodeado de comentarios por lo bajo en cada fiesta y al cabo de cinco años de brindarle el oro y el moro, ella se fue con una abultada cuenta bancaria y uno de sus tantos amigos en un viaje sin retorno.
Volvió a casarse un par de veces mas y siempre con la misma suerte. Mientras tanto los años pasaban, los hijos crecían vaya a saber cómo y ese enorme vacío interior se hacía más y más insoportable.
Pero era tal ya su egoísmo y su avaricia que sólo se preocupaba por conseguir mas dinero para llenar su espacio con viajes, sexo, juego y alcohol.
Un día se quedó dormido en la alfombra del living y soñó con Teresa, vio en su mano la sortija dorada que le había puesto una tarde de verano hacía ya mucho tiempo. Bañado en sudor se despertó, subió a su auto y se dirigió, casi sin planearlo, a buscar a Teresa.
Lo recibió una mujer gorda entrada en años, que con voz de hielo le dijo:
-Teresa se suicidó hace años, no es aquí donde la va a ver seguramente.
Sorprendido, angustiado, y siempre vacío, volvió a su casa.
una llamada telefónica le hizo resbalar el vaso de la mano. De ahí conducir al hospital.
¿Cuánto tiempo hacía que no veía a su hija? ¿Días, semanas? No lo recordaba.
Pero ahora estaba seguro de no haberla visto lo suficiente.
na terrible infección, un aborto clandestino. Lo sentimos.
Con esas explicaciones vagas le entregaron el cuerpo de su hija. Solo pudo verla el tiempo suficiente para escucharla decir lo mucho que lo odiaba.
Su hijo se limitó a acudir al sepelio y ni bien la última porción de tierra estuvo sobre el féretro, montó en su moto y desapareció.
Solo, como siempre, david regresó a beber a su sala.
Unos pocos meses más duró ese dinero que en un principio parecía no tener fin. Las deudas de juego lo dejaron casi en bancarrota.
Anduvo de aquí para allá, trabajando en esto o aquello para mantenerse, pero siempre corría la misma suerte, era despedido. Ningún patrón soportó mucho tiempo la falta de puntualidad, los olvidos ni las peleas provocadas por la casi constante borrachera de David.
Su propio hijo ya ni lo visitaba. la última vez que estuvieron juntos él le dijo que se avergonzaba de tenerlo como padre y que nunca más volvería. viajaría lejos para evitar todo contacto.
Cierto día, sin empleo y sin dinero, tumbado en el piso de su casucha reparó en una caja que contenía alguna de sus pertenencias. Algunas de las pocas que se salvaron de los acreedores. Allí estaba nuevamente el cofre. Pese a que temía tocarlo fue irresistible el deseo y finalmente lo abrio.
El horror lo dominó, junto a la sortija de oro descansaban las fotos de sus hijos.
La verdad por única vez revelada ante sus ojos.
La cruda verdad.
Una verdad, una sola, ahora inalcanzable.
Tomó las últimas botellas de whisky barato que tenía y roció con ellas las paredes, los pocos muebles y su propio cuerpo. Como rey pagano se inmolaría y acabaría por fin con su propia vergüenza y sufrimiento.
El cerillo cayó lentamente... pudo seguir su recorrido por unos instantes eternos. Vio como el fuego iba ganando terreno a las paredes, a los muebles, a su propio cuerpo. Y cayó.
Abrió los ojos a una blancura incomparable, pero no era el cielo del que hablan los religiosos, sino el techo de un cuarto de hospital. Al cabo de unas semanas ya estaba nuevamente en la calle, solo.
Una mañana un joven tropezó con él y le regaló unas monedas. No conocía la caridad y el acto lo sorprendió, por lo que siguió mirando cómo se alejaba este joven, como entraba a un edificio de oficinas, ceomo desaparecía devorado por un mar humano.
Buscando donde guardar las monedas, rebuscó entre sus harapos y sus dedos palparon un frío metal.
Incomprensiblemente, el precioso regalo de antaño, la fuente de todas sus dichas y la causa de su desgracia, estaba allí. Volvió a abrirlo y halló en él una fotografía que lo sorprendió de sobremanera.
Ya repuesto una sonrisa se dibujó en su rostro y no se le borró hasta la noche. Permaneció sentado en la misma calle todo el día y a medida que oscurecía su diabólica alegría se hacía incontenible.
Ya entrada la noche los edificios de oficinas escupían a los rezagados de su seno, y allé estaba aquel joven de la mañana. Apurado por seguir su camino, quizá por temos a que este viejo sucio le mendigara otras monedas.
Casi cuando había pasado de largo, el viejo tomó coraje y le gritó:
-Eh, David! Tenemos que hablar!
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vane,me asome apenas si me asome a tu blog (no lei nada aun);pero como me impacta lo fotografico,me detuve al toque en la imagen del encabezamiento (donde dice 'notas del alma'),que es?? un subte?? un tren?? de donde la sacaste la imagen??...cuando lea te dejo comentarios!
ResponderEliminarbeso,adelante!
fre b.-